jueves, 10 de mayo de 2012

Enamorarse: ¿Por qué y de quién?

Originalmente Publicado en Entropyaz Blog 




¿Qué determina que una persona se enamore y de quién? Estas preguntas son muy complejas. Algunos autores creen que las personas se enamoran para vencer un sentimiento de soledad y separación. El psicoanalista Erich Fromm (1965) sugirió que la unión con otra persona es la necesidad más profunda del ser humano. Otro psicoanalista, Roy May, autor de Love and Will (1969), también creía que las personas buscaban la unión con otro a través del amor cuando experimentaban su propia soledad. Otros observadores consideran la soledad como un producto secundario de nuestra sociedad individualista y agitada, más que como una parte inherente a la condición humana. Este punto de vista enfatiza la conectividad que todos tenemos con la gente que nos rodea a través de nuestras relacione sociales, el lenguaje y la cultura. Según este punto de vista, las relaciones amorosas son un aspecto de la red social del individuo, más que una cura para la “enfermedad” de la soledad (Solomon, 1981, citado por Crooks & Baur, 2009).

La cercanía

Aunque las personas tiendan a ignorar la cercanía o proximidad geográfica, en la lista de los factores que las atrajeron a un sujeto en particular, la cercanía es una de las variables más importantes. Por lo general, desarrollamos relaciones cercanas con la gente que vemos con frecuencia en nuestro entorno.

¿Por qué la cercanía es un factor tan importante en la atracción interpersonal? Los psicólogos han ofrecido una gran variedad de explicaciones posibles. Una sostiene que simplemente la familiaridad produce gusto o el amor por la otra persona. Los estudios demuestran que cuando nos exponemos a estímulos nuevos como canciones no conocidas, obras de arte, rostros humanos y demás, nuestro gusto por tales estímulos aumenta (Bornstein, 1989; Brooks y Watkins, 1989; Nuttin, 1987, citados por Crooks & Baur, 2009). Este fenómeno, llamado el efecto a la exposición, explica por qué nos sentimos atraídos a personas cercanas a nosotros.
Otra razón por la que la cercanía influye en nuestra atracción por alguien es que por lo general las personas se conocen en lugares donde realizan actividades que reflejan intereses comunes.

Semejanzas

Las semejanzas también influyen al determinar de quién nos vamos a enamorar. Contrario al viejo adagio de que polos opuestos se atraen, lo ordinario es que las personas se enamoran comparten cosas en común, como creencias, valores, actitudes, intereses y habilidades intelectuales (Amodio y Showers, 2005; Byrne, 1997; Sherman y Jones, 1994, citados por Crooks & Baur, 2009) También tendemos a relacionarnos románticamente con personas cuyo nivel de atractivo físico es similar al nuestro (Feingold, 1988; Folkes, 1982, citados por Crooks & Baur, 2009). Esta tendencia de equiparar el atractivo físico propio con el de la pareja puede tener relación con nuestro temor de ser rechazados si nos acercamos a alguien a quien percibimos como más atractivo que nosotros (Bernstein et al., 1983, citados por Crooks & Baur, 2009).

También tendemos a sentirnos atraídos por alguien que tenga edad, educación y afiliación religiosa similares a las nuestras. Las semejanzas en las características personales se conocen como homofilia, o tendencia a formar relaciones con personas de estatus igual o parecido al nuestro en aspectos sociales y personales.

Reciprocidad

Otro factor importante que nos atrae de alguien en particular es nuestra percepción de que esa persona está interesada en nosotros. La gente tiene a reaccionar positivamente a las adulaciones, los cumplidos y otras expresiones de agrado y afecto. En el estudio de atracción interpersonal, este concepto se refleja en el principio de reciprocidad, que sostiene que cuando recibimos expresiones de agrado o amor, tendemos a responder de la misma manera (Byrne y Murnen, 1988, citados por Crooks & Baur, 2009). A su vez, las respuestas recíprocas pueden hacer que la relación prospere. Al responder de manera cálida ante quienes creemos que se sienten positivos con respecto a nosotros, a menudo provocamos que les gustemos más (Curtis y Miller, 1988). Además, nuestro sentido de autoestima se ve afectado al punto de que nos sentimos vinculados al ver que le agradamos a otros. El saber que le gustamos a alguien hace crecer nuestro sentido de pertenencia o de estar integrado socialmente en una relación, y esto aumenta nuestra autoestima (Baumeister y Leary, 1995, citados por Crooks & Baur, 2009).

Atractivo físico

Como podría esperarse, el atractivo físico desempeña un papel dominante en la formación de parejas. A pesar de que se dice que la belleza es algo superficial, los experimentos han mostrado que las personas físicamente atractivas son más populares como amigas o amantes, y son percibidas como más agradables, interesantes, sensibles, equilibradas, felices, sensuales, competentes y hábiles a nivel social que el individuo promedio o cuya apariencia no es atractiva (Baron y colaboradores, 2006; Marcus y Miller, 2003; Sangrador y Yela, 2000, citados por Crooks & Baur, 2009).

Bibliografía

  •  CROOKS, R.; BAUR, K. (2009). Nuestra sexualidad, 10ma edición. México: CENGAGE Learning.

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