jueves, 10 de mayo de 2012

La Dependencia Emocional: Qué es y cómo reconocerla


Originalmente publicado en Entropyaz Blog

Dependencia, por definición, significa necesitar o estar subordinado a una persona o cosa. En una persona dependiente, el estado de ánimo está supeditado al estado de los demás. Si las personas de su entorno están contentas con ellos, entonces pueden sentirse felices; si los demás (familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo, etc.) los aprueban, desde ese momento se sienten valiosos o valorados. Pero el temor de perder esa aceptación hace que las personas dependientes teman expresar opiniones o comentarios, y realizar algunas acciones o actividades, todo con la finalidad de evitar desacuerdos y, por ende, no ser rechazados; anteponen constantemente las necesidades o demandas de los demás: en otra palabras, un individuo dependiente necesita estar en manos de otras personas (para poder percibir lo bueno de su propia imagen, obtener felicidad a cambio de sacrificar lo que realmente desea y necesita) por temor a ser abandonado, desplazado o rechazado.

Cuando la dependencia emocional se centra en la pareja, aspectos como las relaciones interpersonales y desarrollo personal/profesional principalmente, comienzan a deteriorarse, orientándose toda la atención, esfuerzo y energía en la pareja, a la cual se complace ciegamente por temor a perderla, y se sobrevaloran sus juicios y opiniones, convirtiéndolas incluso en verdades absolutas.

La dependencia emocional es producto de las carencias afectivas que los individuos experimentan durante su desarrollo; su autoestima se ve afectada gravemente, y llegan a desvalorarse y perder respeto por sí mismos.


La psicóloga humanista Iolanda González Bertrán (c. 2000), en su artículo Dependencia Emocional, nos presenta algunas señales de Dependencia Emocional que debemos tomar en cuenta para poder identificar si estamos dentro de una situación como esta:
  • Usted siempre da más: Siente que usted hace muchos esfuerzos y sacrificios para que todo vaya bien y se queja de que nunca recibe el mismo trato.
  • Amar significa sufrir: Lloramos mucho cuando estamos a solas. Creemos que los demás sólo miran por sí mismos, mientras nosotros siempre nos mostramos cariñosos, generosos y comprensivos.
  • No somos buena compañía: Achacamos a nuestros defectos "que no podemos cambiar" el motivo por el cual los demás no nos quieren más. Por más divertidos e ingeniosos que nos mostremos no es suficiente. Nos decimos cosas como: "Si yo fuera más guapo", "Si hubiera estudiado esto o lo otro".
  • Los conflictos son dramáticos: Le parece terrible que alguien se enfade con usted, se culpa y acaba cediendo por miedo a que la rechacen o abandonen. Se responsabiliza totalmente de que las relaciones vayan bien.
  • Nos obsesionamos con las discusiones: Nos produce ansiedad y nos justificamos una y otra vez lo que dijimos. Imaginamos conversaciones nefastas en las que se nos critica duramente. Nos sentimos agotados y desesperanzados.
  • Sobrevaloramos el potencial de personas que nunca nos han demostrado que de verdad tengan esas cualidades. Nos gusta pensar que vemos más allá de lo que ellos son ahora y de lo que saben de sí mismos.
  • Nos rodeamos de personas con problemas, reales o psicológicos, porque nos sentimos bien "ayudándoles". Escuchamos a todo el mundo porque "nos necesitan", y nos jactamos de dar confianza, aunque muchas veces nos sentimos obligados y otras necesitamos que nos vampiricen.
  • Queremos cambiar a los demás: Sabemos que serán mucho más felices con otra forma de pensar y actuar. Lo hacemos por su propio bien. Intentamos constantemente razonar con la otra persona sobre cómo debería ser y nos decepcionamos a nosotros mismos si no cambia.
  • Suele acompañarnos la sensación de soledad: Estando con otras personas a veces nos parece estar "fuera", y que a la mayoría "no les interesa conocernos de verdad".
  • Necesitamos tener pareja: Si no tenemos, soñamos cómo será y creemos que no hallaremos la felicidad hasta encontrarle. Si conocemos a alguien que nos gusta soñamos que somos su pareja perfecta y que nos dice lo especial que somos. Si logramos salir con él/ella, nuestras conversaciones y pensamientos se centran alrededor de esa persona. Si la dejamos, nos sentimos asustados porque creemos que ya no podemos vivir sin él. Solemos repetir intermitentemente la misma relación varias veces.
  • Practicamos el sexo compulsivamente: En parte, intentamos ser muy buenas amantes y nuestro placer depende de lo bien que pensemos que se lo pasa él. En muchas ocasiones, nos sentimos utilizadas, y no nos satisface "como habíamos soñado", pero no comentamos nada a nuestro amante para no defraudarle.
  • La esperanza mágica: Nos mantiene la ilusión de que en algún futuro cercano todo cambiará; que nuestro patrón de conducta, con el que hoy sufrimos, un día nos hará felices; y que lo único necesario es seguir esforzándonos.
Bibliografía

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